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Los murales de Vlady dialogan con la crítica de Trotsky al poder totalitario

A 86 años del asesinato de León Trotsky, los murales de Vlady en la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada, ubicada en el Centro Histórico de la Ciudad de México, ofrecen un espacio para revisar la memoria de la disidencia y la crítica al poder absoluto.

El conjunto muralístico Las revoluciones y los elementos, realizado durante la década de 1970 y principios de los años 80, establece un diálogo visual con las revoluciones políticas, sociales y culturales del siglo XX. Sus escenas aluden a la persecución, la burocracia opresiva, la destrucción de archivos y el control ideológico.

Trotsky y la advertencia contra la concentración del poder

León Trotsky fue uno de los protagonistas de la Revolución rusa de 1917 y posteriormente cuestionó la sustitución de la participación popular por el dominio de una élite burocrática. Tras ser expulsado de la Unión Soviética en 1929, permaneció en el exilio hasta encontrar refugio en México durante el gobierno de Lázaro Cárdenas.

Trotsky llegó a Tampico el 9 de enero de 1937. Durante su exilio escribió La revolución traicionada, obra en la que analizó la consolidación del régimen estalinista y los mecanismos mediante los cuales la concentración del poder podía debilitar la democracia.

Una lectura visual de las revoluciones

Vlady, pintor de origen ruso y nacionalizado mexicano, convirtió la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada en el escenario de una obra monumental. El mural ocupa alrededor de 2 mil metros cuadrados y explora distintas revoluciones sociales, religiosas, filosóficas, políticas y artísticas de la humanidad.

Las imágenes no funcionan como una ilustración directa del pensamiento trotskista. Sin embargo, algunas figuras y situaciones permiten establecer afinidades históricas y simbólicas con sus críticas al autoritarismo, especialmente cuando representan al líder como una presencia omnipotente o muestran procesos de exclusión y persecución.

En ese sentido, el mural plantea una reflexión sobre la manera en que los movimientos revolucionarios pueden perder su impulso participativo y convertirse en estructuras de control. También cuestiona la manipulación de la memoria y el uso de la ideología para justificar la subordinación de la sociedad.

La vigencia de una obra abierta a nuevas interpretaciones

Aunque Vlady no se presentó como un artista de manifiestos ni formuló referencias explícitas a Trotsky en el mural, la cercanía entre ambos universos resulta significativa. El pensamiento del revolucionario ruso y la imaginación pictórica del artista convergen en una preocupación común: los efectos de transformar el poder político en una autoridad incuestionable.

Por ello, visitar los murales en el aniversario de la muerte de Trotsky permite leer la obra de Vlady no sólo como un testimonio del muralismo mexicano, sino también como una invitación a examinar la relación entre revolución, libertad, memoria y democracia.